El síndrome del cuidador

El síndrome del cuidador refiere a aquellas personas que sufren el desgaste físico, psicológico y de su salud en general en el cuidado constante y continuado del enfermo de Alzheimer. Esta enfermedad no sólo se interpone en la vida del afectado, sino que también es un mal con unas consecuencias psicológicas devastadoras para todos aquellos que le rodean y cuidan de él. El malestar psicológico puede derivar en otros de carácteres físicos o agravar ese estado psicológico hasta el punto de que la persona puede llegar a desembocar en la depresión. Por eso en el proceso de la enfermedad de Alzheimer, se considera una premisa fundamental el darle todo el apoyo a aquella o aquellas personas encargadas al cuidado del enfermo.

Por lo tanto, el síndrome del cuidador es una de las graves consecuencias que la enfermedad de Alzheimer deja a su paso. Una consecuencia que, a menudo, permanece desatendida o no se tiene en cuenta por quedar en un segundo plano respecto al enfermo de Alzheimer. Sin embargo, y especialmente en el caso de los familiares que cuidan de algún paciente con esta enfermedad, el síndrome del cuidador se manifiesta con una sintomatología múltiple que surge como respuesta a una creciente dedicación a un paciente cada vez más dependiente, y una también creciente frustración ante la falta de resultados pese a los esfuerzos realizados. La falta de apoyo es otro de los factores que más incidencia tienen en aquel que sufre del síndrome del cuidador, pues el cuidador ve como, poco a poco, su vida se convierte en una dedicación exclusiva al enfermo, quien a medida desarrolla su enfermedad se ve más incapaz de realizar acciones con cualquier tipo de independencia. Así, el cuidador ve como su tiempo de ocio y sus relaciones sociales merman de forma cada vez mayor, mientras se incrementan su desgaste tanto físico como psicológico, su sensación de encierro y su malestar interno.

Los síntomas se pueden presentar en diversas áreas de la salud del individuo: en el plano físico, aparecen cefaleas, cansancio y dolores articulares; en el psíquico, puede desembocar en depresión, trastornos del sueño e irritabilidad; el area social se ve completamente marcada por la soledad, el aislamiento y la falta de contacto social; y por último, en el área laboral, absentismo y desinterés.

El perfil del cuidador del enfermo de Alzheimer en España suele ser de mujer adulta entre 40 y 50 años (y normalmente hija de la enferma), casada y con hijos. Tan sólo uno de cada diez hijos que se hacen cargo de alguno de sus padres con enfermedad de Alzheimer es varón. También se estima que el tiempo medio que el cuidador de Alzheimer dedica al enfermo, supera de media, en nuestro país, las 40 horas semanales.

Encuentra la Guía de Cuidadores en el grupo de apoyo Alzheimer de Aorana.

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